DECORACION PETUNIA 

La colección Petunia Roja celebra la fuerza del color y la delicadeza floral en una propuesta artesanal llena de carácter. Cada pieza destaca por su intenso fondo rojo brillante, contrastado con finos trazos florales en blanco inspirados en la flor de la petunia, creando un diseño elegante, fresco y atemporal.

Esta línea combina formas modernas y funcionales —platos, bowls, tazas, jarras y contenedores— con un acabado esmaltado de alto brillo que realza los detalles pintados a mano. El interior en tono marfil aporta equilibrio visual y resalta el uso cotidiano de cada pieza.

Petunia Roja es ideal para quienes buscan una mesa vibrante y sofisticada, perfecta tanto para el uso diario como para ocasiones especiales. Su estilo artesanal transmite calidez, autenticidad y personalidad, convirtiendo cada espacio en un ambiente lleno de vida y tradición contemporánea.

HISTORIA CONTADA CON PINCELES

La colección Petunia Roja destaca por su vibrante fondo rojo con delicados motivos florales en blanco, inspirados en la flor de la petunia. Cada pieza combina un diseño artesanal con acabados brillantes que realzan su color y detalle.

Ideal para dar vida y personalidad a la mesa, Petunia Roja ofrece una propuesta elegante y funcional, perfecta tanto para el uso diario como para ocasiones especiales.

MANOS DE ARTISTAS

La colección Petunia Roja nace de las manos y el corazón de nuestras pintoras artesanas, quienes trazan una a una las flores que dan vida a cada pieza. Sobre el rojo profundo del esmalte, los delicados motivos en blanco florecen como un homenaje al tiempo, la dedicación y la pasión por el oficio.

Cada objeto es único, cargado de emoción y carácter, pensado para acompañar momentos cotidianos y convertirlos en recuerdos especiales. Petunia Roja no es solo una colección: es una historia pintada a mano.

DETRAS DE CADA PIEZA HAY UN ARTESANO

Detrás de cada pieza de Petunia Roja está el alfarero, que con sus manos da forma al barro, lo gira en el torno y lo transforma en objeto útil y bello. Su trabajo comienza en la tierra, en el contacto directo con el material, donde la experiencia y la paciencia marcan cada gesto.

El barro se modela lentamente, se deja reposar y se cuece al fuego, llevando en su forma la huella de un oficio ancestral. Cada pieza nace así, única e irrepetible, como resultado del diálogo entre las manos del alfarero y la materia viva.